jueves, 17 de abril de 2008

Rayas... rayas y más rayas... Sobre papel.

Hace bastantes años que he sido un artista digital. La mayoría de mis roughs, linearts y colorworks se mantienen detrás del frío cristal del monitor, he usado paletas virtuales y mezclado canales de color, he usado selecciones y piceles de historia, trabajado en RGB y CMYK, Grayscales y Bitmaps, he usado la inmóvil wacom por muchos años y comprado memoria ram, discos duros, tarjetas madre y monitores cada vez de más calidad. Pensando en K's, Megas, Gigas, y Teras, en formatos .psd, .cdr, .ill, .jpg, .tif y en .gif, comprimir en rar, visualizar thumnails, organizar carpetas, quemar DVDs, respaldar en particiones, formatear windows, usar comandos y shortkeys en el teclado y he dado miles de millones de clics al mouse.

Pero no siempre ha sido así.

Hubo un tiempo en el que me preocupaba la calidad del papel, el negro de la tinta, que mis plumillas no se doblaran, que mis originales no se arrugaran, pensaba en acuarelas, en pasteles, en acrílicos y en colores de madera, en combinar colores, en grafito y mina azul, en goma plástica y de migajón. Me gustaba sentir la tinta seca sobre los originales de Opalina, la textura del strathmore, el olor del fabriano, la dureza del canson, el polvo del pastel o el olor a madera cuando mordía mis lápices, tras momentos de no saber cómo resolver tal o cuál forma en mi sketchbook.

Y vino el trabajo, ganar dinero haciendo lo que más me gustaba era genial, la necesidad de una producción rápida me llevó a usar medios digitales. Conocí la tableta, empecé a estudiar sobre los modos de impresión, formatos de color, calibración de monitor. Guardé mis pinceles, puse mis lápices en botes de plástico y metí las acuarelas y los pasteles en gavetas. La franela con la que limpiaba la tinta china y el acrílico se empolvó y mis carboncillos quedaron guardados en sus estuches.

Muchos años han pasado y me encuentro en tiempos de artistas increibles, que han hecho que renazca en mi la pasión por el grafito y las minas azules de 2 mm. que me han inspirado para vol
ver a entrar a tiendas de materiales a comprar mi sketchbook, lápices acuarelables y plumones de arte, artistas que me han recordado la sensación del canson bajo el dorso de mi mano al dibujar.

De momento torpe en este reencuentro con mis viejos amigos, y mientras mi estudio vuelve a llenarse con el olor de la pintura y el alcohol de los plumones, será grato compartir los resultados de las prácticas en este nuevo experimento, que la calidez de la textura del papel sea mutuo cómplice de aqui en adelante.


Dejo los dos primeros trabajos de mi sketchbook. El primero a la cabeza de esta entrada, inspirado por una gran amiga mía, Abril, de Guadalajara. El segundo, sobre este párrafo, fruto de una velada poco común con Bren, una chica suigéneris y muy divertida.
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