viernes, 30 de mayo de 2008

Esas pequeñas alas.

Primero llegó tu arte, impulsivo, honesto, falto de experiencia. Tus texturas intuitivas, tu pena hablando a través del grafito y el papel, en un lienzo enorme en donde perdìas la perspectiva al enfocarte en puntos concretos que te hacían perder el todo.

Depués tu silueta... alta, delgada... empezando en un par de converse y rematada con la delicadeza y sensualidad que una blusa blanca puede dar a un torso cuya curvilinea silueta es perfecta gracias a unos pantalones entallados.

Enseguida tu cabello... una danza de mechones desordenados todos del mismo largo que se encrespaban con la humedad, enmarcando un rostro en momentos temeroso, en momentos ávido, liberando tu aliento dulce, tu suave piel.

Y al darme la espalda las descubrí... Pequeñas, limpias, hermosas... con movimientos limitados, pero con unas ganas enormes de levantar vuelo y llevar tu alma al infinito. Quiero ver crecer esas alas. Quiero estar presente cuando en la caída, aprendas a ganar altura con tu arte, con tu fuerza, con tu voluntad.

No sé cuánto tiempo pasará para que llegue ese momento... pero hoy sueño con poder ver esas pequeñas alas una vez más.
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